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lunes, 19 de septiembre de 2016

La lactancia materna ayuda a prevenir la diabetes en los niños

http://www.20min.ch/dyim/7b8f30/M600,1000/images/content/1/1/0/11086850/3/topelement.jpgLa lactancia materna es una manera de evitar la diabetes, una condición que se convirtió, en 2030, según las estimaciones de la OMS, la séptima causa de muerte en el mundo. Este año, la Semana Mundial de la lactancia materna defiende esta práctica que mejora la salud de muchos.
La Semana Mundial de la lactancia materna comienza el sábado: se muestra cómo esta forma de alimentación de lactantes está vinculado con el desarrollo sostenible, dice "La lactancia materna Promoción Suiza" en un comunicado.
"A nuestro nivel, podemos actuar mediante la promoción de la lactancia materna tiene un impacto positivo sobre el riesgo de desarrollar diabetes en los niños amamantados", dijo la fundación.
Una conferencia se organizará sobre el tema 13 de septiembre, a la audiencia de la maternidad CHUV en Lausanne. Diferentes invitados hablarán sobre la relación entre la lactancia materna y la enfermedad.
La composición de la leche materna
En su folleto puesto a disposición de las madres y disponible en 11 idiomas, la fundación dice que la leche materna es "saludable y conveniente." Se compone de 88% de agua y contiene proteínas, grasas, hidratos de carbono, minerales, vitaminas y hierro.
Además, proporciona al niño con sustancias inmunes y los anticuerpos de la madre y protege la enfermedad.
Fundada en 2000 como una fundación, "La lactancia materna Promoción Suiza" está trabajando para mejorar las condiciones legales y sociales de esta forma de alimentación del niño sigue siendo posible y se desarrolla.
Fuente: 20min.ch

viernes, 15 de abril de 2016

El riesgo de diabetes tipo 2 en niños se ha incrementado de forma exponencial"

La OMS ha decidido dedicar este año el Día Mundial de la Salud (7 de abril) a la diabetes. ¿Por qué hace falta una mayor toma de conciencia sobre esta enfermedad?


Por la elevada prevalencia de este trastorno que, además, no deja de crecer. Como quiera que existen medidas preventivas para evitar su aparición, es preciso concienciar a la población de este auténtico problema de salud. Así pues, ya se pueden instaurar medidas preventivas desde la edad pediátrica. Por otra parte conviene educar a la población sobre las personas de riesgo y la sintomatología de sospecha para realizar un diagnóstico precoz.
¿En qué consiste la diabetes infantil?


La diabetes infantil o diabetes mellitus tipo 1 es una enfermedad sistémica crónica de carácter autoinmune que se caracteriza por una destrucción progresiva de las células pancreáticas encargadas de segregar insulina. Esto conduce a una elevación de la glucosa sanguínea.


Como consecuencia de este incremento, se elimina por orina y produce un aumento de la diuresis, lo que se conoce como poliuria. Tras esta pérdida de orina, el organismo responde incrementando la ingesta de líquidos (polidipsia). Por otra parte, como no puede introducirse glucosa dentro de las células, aparece incremento del apetito (polifagia) a pesar de lo cual pierden peso. Esta forma de diabetes corresponde a más del 95% de casos en la edad pediátrica. Con mucha menor frecuencia, menos del 5% de casos en nuestro medio, podemos encontrar la diabetes tipo 2, relacionada con obesidad y resistencia a la acción de la insulina. Finalmente, también debemos indicar que existe un grupo heterogéneo de forma de diabetes monogénicas que tienen un patrón de herencia conocido pero que suponen menos del 3% de casos en total.


¿Existen factores genéticos que influyan en su aparición? ¿Qué factores pueden provocar la aparición de esta enfermedad en los más pequeños? ¿Hay un perfil más o menos definido del niño con diabetes?


En la diabetes mellitus tipo existe una predisposición genética para su desarrollo que es condición necesaria, pero no suficiente, ya que influyen otros factores medioambientales para su aparición como podrían ser infecciones virales, dieta y localización geográfica. Puede aparecer a cualquier edad pediátrica con un pico de incidencia alrededor de los 6 años y entre los 10 y 14 años, diagnosticándose antes de los 10 años de vida en aproximadamente el 45% de los pacientes con diabetes tipo 1.


Los malos hábitos dietéticos y el sedentarismo favorecen la obesidad infanto-juvenil. Esta obesidad a largo plazo puede favorecer la aparición de diabetes tipo 2 en adolescentes.


¿Cuál es el tratamiento para la diabetes infantil?


En el caso de la diabetes mellitus tipo 1 el tratamiento consiste en administrar la insulina que el páncreas ha dejado de fabricar. La única manera efectiva que existe hoy día es mediante una inyección en el tejido celular subcutáneo. Es necesario administrar insulina antes de cada comida y una o dos dosis de insulina lenta a lo largo del día para cubrir las necesidades basales. Además, es preciso controlar rigurosamente la ingesta de hidratos de carbono.


En la diabetes tipo 2 hay que mantener hábitos de vida saludables incluyendo ejercicio y control de ingesta de hidratos de carbono. Por otra parte, los pacientes pueden precisar tratamiento con metformina, el único antidiabético oral aprobado en la infancia,


¿La enfermedad es también crónica, como en los adultos, o puede revertirse con un estilo de vida y un tratamiento adecuados? ¿Cree que hace falta una mayor concienciación a los padres sobre los riesgos del sedentarismo y la obesidad?


Se trata de una enfermedad crónica que, por el momento, no tiene ningún tratamiento curativo. Dado que el páncreas ha perdido la capacidad de segregar insulina es necesario administrar esta molécula de forma exógena de por vida.


La obesidad y el sedentarismo en aumento favorecen el desarrollo de una diabetes mellitus tipo 2 o del adulto, dado que en los países en desarrollo los índices de obesidad infantil y sedentarismo se han disparado, el riesgo de desarrollar una diabetes tipo 2 se ha incrementado exponencialmente.


¿Habría que propiciar una mayor regulación de la oferta de bollería industrial, golosinas, etcétera, en colegios o lugares con presencia numerosa de menores?


Es imprescindible propiciar hábitos nutricionales saludables y evitar el sedentarismo en la infancia para prevenir la aparición de la diabetes tipo 2 en el futuro. Sin duda, cualquier acción que disminuya el consumo de azúcares simples y favorezca el ejercicio, es una medida con un impacto favorable para la salud de la población a corto y largo plazo.


¿En qué medida reduce la esperanza de vida el hecho de sufrir diabetes durante la infancia?


Las complicaciones a largo plazo de la diabetes dependen de múltiples factores: tiempo de evolución de la enfermedad, dieta, control glucémico y estilo de vida. Las complicaciones a largo plazo incluyen nefropatía, neuropatía, retinopatía y enfermedades cardiovasculares. La esperanza de vida se va a reducir en mayor o menor medida en función del número y la gravedad de las complicaciones asociadas. Por ello, el objetivo del tratamiento de la diabetes infantil es, mediante un adecuado control glucémico, ejercicio y hábitos nutricionales saludables, prevenir la aparición de complicaciones a largo plazo. Si conseguimos prevenir el desarrollo de estas complicaciones, nuestros pacientes no verán menguada su esperanza de vida frente a la población general.

viernes, 11 de diciembre de 2015

Los niños que desayunan todos los días tienen menor riesgo de padecer diabetes


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Los niños que desayunan todos los días tienen un menor riesgo de desarrollar diabetes, según concluye un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad St. George en Londres (Reino Unido) y publicado en la revista PLoS Medicine.
Según la doctora Angela Donin, directora de la investigación, “nuestros resultados aportan una nueva evidencia sobre la importancia que tiene desayunar todos los días sobre la salud a largo plazo. Y es preocupante que más de un 25 % de los niños de nuestro estudio reconocieron no desayunar todos los días. Para los niños, tomar un desayuno diario, sobre todo rico en fibra, puede ayudarles a reducir su riesgo futuro de desarrollar diabetes tipo 2”.
Para llevar a cabo el estudio, los investigadores evaluaron la relación entre la toma del desayuno y el riesgo de diabetes tipo 2 en 4.116 niños británicos con edades comprendidas entre los 9 y los 10 años. Tras ajustar distintos factores –entre otros, el nivel socioeconómico, la actividad física y la grasa corporal–, los resultados mostraron que, comparados frente a aquellos que desayunaban todos los días, los menores que no tomaban el desayuno a diario –hasta un 26 % del total de la muestra, dado que un 11 % lo hacía la mayoría de los días, el 9 % algunos días, y el 6 % casi nunca– presentaban niveles más altos de insulina en ayunas, mayor resistencia a la insulina y cifras más elevadas de hemoglobina glicosilada (HbA1c).
La doctora Donin destacó que “el estudio también muestra que los niños cuyos desayunos tenían un alto contenido en fibra tienen menor resistencia a la insulina que aquellos que toman otro tipo de desayunos”.
En definitiva, como concluye el doctor Alasdair Rankin, director de Investigación de la Asociación Diabetes de UK, “ahora ya sabemos que dar a nuestros niños un desayuno saludable como parte de una dieta equilibrada resulta beneficioso tanto para la salud como para el bienestar. Así, es necesario realizar más estudios para ayudarnos a comprender la relación exacta entre el desayuno y la diabetes tipo 2, incluidos estudios que sigan a los niños hasta la edad adulta para ver cuántos jóvenes que presentan estos signos de alarma acaban desarrollando la enfermedad”.



lunes, 16 de noviembre de 2015

Manejo y seguimiento del niño diabético


La diabetes mellitus (DM) se caracteriza por hiperglucemia crónica y su causa fundamental, en la edad pediátrica, es el déficit de insulina en el contexto de una DM de tipo autoinmune. Su adecuado tratamiento y seguimiento pueden evitar o retrasar la aparición de complicaciones.

El término diabetes mellitus (DM) hace referencia al trastorno metabólico caracterizado por hiperglucemia crónica como resultado de la alteración de la secreción de insulina, de la disminución del efecto de la misma a nivel tisular o de ambas situaciones de manera simultánea(1). Aunque las causas pueden ser muy diversas, la inmensa mayoría de los pacientes se incluyen dentro de dos grandes categorías: la DM tipo 1, caracterizada por un déficit absoluto de secreción de insulina con una base fundamentalmente autoinmune; y la DM tipo 2, en la que se combinan la resistencia a la acción de la insulina y una respuesta secretora de insulina compensadora que resulta insuficiente, es decir, una deficiencia relativa de insulina(1). Otros tipos menos frecuentes de DM se muestran en la tabla I. Cada una de dichas causas menos clásicas de DM tiene su fisiopatología y manejo específicos, que exceden a los objetivos de la presente revisión.
La DM tipo 2 en niños y adolescentes es un fenómeno de creciente preocupación sanitaria, secundario a la epidemia aún más alarmante de obesidad a nivel mundial en este grupo de edad(3). Aunque muy probablemente aumentará en los próximos años, la realidad actual indica que la prevalencia de DM tipo 2 en niños y adolescentes en nuestro medio es, de momento, muy baja en comparación con la de DM tipo 1(4,5). La DM tipo 1 sigue siendo la causa más frecuente de DM entre niños y adolescentes en países occidentales (cerca del 90% de los casos en edad pediátrica), a pesar de que solo supone un 5-10% de los casos de DM en el global de la población (niños y adultos)(1,2). Por todo ello, a lo largo de este artículo, nos centraremos casi exclusivamente en lo que se refiere a la atención del paciente pediátrico con DM tipo 1.
Realizar un diagnóstico precoz e instaurar un tratamiento y seguimiento correctos a largo plazo son labores fundamentales, por un lado para evitar la morbilidad aguda (cetoacidosis diabética, potencialmente letal), y por otro lado para prevenir, retrasar o tratar precozmente las complicaciones crónicas (micro y macrovasculares, psicológicas, cutáneas, patologías autoinmunes asociadas), influyendo así positivamente sobre la morbimortalidad(6-9).
Epidemiología
A nivel mundial, se estima que, del total de la población menor de 15 años (1.800 millones de personas), el 0,02% padece DM tipo 1, es decir, unos 500.000 niños alrededor del mundo, con una incidencia estimada de 80.000 nuevos casos cada año(10). Existen importantes diferencias epidemiológicas según el área geográfica, justificadas en parte por la frecuencia de los distintos genotipos de predisposición(1). En nuestro país, la prevalencia de DM tipo 1 varía según las regiones entre el 0,01% y el 0,15%(11). Asimismo, las tasas de incidencia son de entre 11,5/100.000 hab./año (Asturias) y 27,6/100.000 hab./año (Castilla-La Mancha), estimándose una incidencia media en España de 17,7/100.000 hab./año(11). Las tasas de incidencia han ido aumentando en las últimas décadas y continúan en ascenso, sobre todo en países emergentes y en vías de desarrollo, habiendo alcanzado una meseta en los últimos años en países occidentales donde las tasas ya eran altas. Han aumentado, especialmente los casos en menores de 5 años de edad. Existen variaciones estacionales bien descritas en la incidencia de nuevos casos, sobre todo en meses de invierno, pero algunos trabajos describen las mayores tasas en meses cálidos, o con variaciones interanuales(1). Asimismo, tradicionalmente se ha establecido un gradiente de incidencia norte-sur (mayor incidencia a mayor latitud), que dentro de España no parece cumplirse(11).
Fisiopatología
En la DM tipo 1, se produce destrucción de las células beta-pancreáticas a través de un mecanismo autoinmune, en el que se implican factores de predisposición genética, factores ambientales, del sistema inmune y de la célula beta.
La DM tipo 1 implica una deficiencia parcial o absoluta (más frecuente) de insulina debida a la destrucción crónica de las células beta del páncreas, a través de un mecanismo inmunológico. Como en otras enfermedades de base autoinmune, se acepta una etiología multifactorial, con presencia de una predisposición genética sobre la que algún factor ambiental desencadena una respuesta autolesiva del propio sistema inmunitario sobre la célula beta, sin haber sido posible explicar con detalle hasta el momento de qué manera exacta influyen cada uno de estos factores(1,2). Este proceso de destrucción es progresivo (Tabla II). La clínica comienza a aparecer cuando se han destruido aproximadamente el 90% de las células beta. La autoinmunidad se demuestra en la práctica totalidad de los casos (DM tipo 1A) a través de la detección de autoanticuerpos(1,2).
Los autoanticuerpos más comúnmente analizados en la práctica clínica son los dirigidos: contra la insulina (IAA), contra la descarboxilasa del ácido glutámico (anti-GAD), contra el antígeno de insulinoma tirosinfosfatasa-like (anti-IA2) y contra células del islote (anti-ICA)(12). Existen otros autoanticuerpos implicados, alguno de relevancia demostrada, pero de uso poco extendido aún (como es el dirigido contra el transportador 8 de Zinc o anti-ZnT8), otros todavía con escasa validación y, probablemente, otros aún desconocidos(12).
Existen más de 60 variantes genéticas asociadas con una mayor predisposición a padecer DM tipo 1. La mitad de dicho riesgo se establece por determinadas combinaciones de alelos del complejo mayor de histocompatibilidad (HLA) tipo DR y DQ. En cualquier caso, menos del 10% de los portadores de genotipo HLA de alto riesgo desarrollarán la enfermedad(1,13).
Los factores ambientales desencadenantes de la respuesta autoinmune son desconocidos. Se discute acerca de la posible influencia de factores infecciosos (p. ej., rubéola, enterovirus), antígenos alimentarios (p. ej., proteína de leche de vaca, gluten, metabolismo de la vitamina D), etc., sin que de momento se disponga de datos suficientes para poder realizar afirmaciones indiscutibles(1,13).
Independientemente de la causa, la deficiencia de insulina y la consiguiente disminución de la glucosa intracelular pondrán en marcha mecanismos destinados a aumentar aún más la glucemia y a formar cuerpos cetónicos como combustible alternativo. Los cuerpos cetónicos, por su carácter ácido, disminuyen el pH, y el proceso desemboca en una cetoacidosis diabética (Fig. 1).
Figura. 1. Fisiopatología de la cetoacidosis diabética(6).
Clínica
La clínica clásica al debut consiste en poliuria, polidipsia y pérdida de peso, pero el cuadro clínico no siempre es tan evidente. Es fundamental la sospecha diagnóstica precoz ante los primeros síntomas para evitar la progresión a cetoacidosis.
Como ya hemos comentado, la destrucción progresiva de las células beta dará lugar a la aparición de los signos y síntomas del debut de DM tipo 1, siguiendo una serie de fases (Tabla II). El objetivo fundamental en este punto consiste en el diagnóstico precoz ante la aparición de los primeros síntomas, evitando la evolución del cuadro hacia una cetoacidosis diabética, potencialmente muy grave e incluso fatal sin el adecuado tratamiento (Tabla III).
A nivel mundial, hasta el 80% de los menores de 15 años que debutan con una DM tipo 1 lo hacen en forma de cetoacidosis(10). En España, la cetoacidosis como forma de debut en este grupo de edad se estima entre el 25-40%, siendo incluso mayor del 50% entre los menores de 4 años(11). Para lograr disminuir estas tasas, es necesario sospechar el diagnóstico ante la aparición de los primeros signos y síntomas. La presentación clínica clásica consiste en: poliuria, nicturia, polidipsia y pérdida de peso de varias semanas de evolución(13), pero no siempre resulta tan evidente. En muchas ocasiones, el cuadro clínico inicial resulta más inespecífico y puede pasar desapercibido o confundirse con otras patologías benignas (Tabla III). Hay niños en los que la evolución a cetoacidosis es muy rápida (sobre todo, los menores de 2 años), y otros en los que los síntomas iniciales pueden prolongarse durante meses, empeorando lentamente. Otra medida útil para disminuir la frecuencia de cetoacidosis al debut consiste en informar a la población de los síntomas asociados, con campañas de concienciación, para que consulten precozmente ante la aparición de los mismos(14).
Diagnóstico
La DM se diagnostica en presencia de síntomas típicos con glucemia plasmática = 200 mg/dL, o en ausencia de síntomas con medidas repetidas de: glucemia en ayunas = 126 mg/dL, glucemia tras 2 horas de una sobrecarga oral de glucosa = 200 mg/dL o HbA1c = 6,5%.
Ante la aparición de síntomas sugestivos de DM, debe realizarse la medición de glucemia capilar, así como evaluar la presencia de cuerpos cetónicos (de manera ideal cetonemia capilar, y si no hay disponibilidad, cetonuria mediante tira reactiva de orina). Si de este modo se detecta una cifra elevada de glucosa, debe derivarse al paciente de manera urgente a un centro con experiencia en este campo para confirmar el diagnóstico y comenzar tratamiento lo antes posible, sobre todo, si asocia elevación de cetonemia o cetonuria, ya sea porque ya haya aparecido una cetoacidosis o para prevenir su aparición(1,13). Para la confirmación diagnóstica, las determinaciones de glucosa deben realizarse en plasma mediante un sistema de laboratorio basado en el método de la glucosa oxidasa(13). También es posible llegar a un diagnóstico de DM sin la presencia de síntomas típicos, habitualmente tras el hallazgo casual de alteraciones de la glucosa en analíticas solicitadas por otro motivo. Los criterios que deben cumplirse para establecer el diagnóstico de DM se exponen en la tabla IV.
Las alteraciones persistentes de la glucosa en ayunas o tras SOG o de la HbA1c que no llegan al umbral de los criterios diagnósticos de DM constituyen la situación de “prediabetes”. Nos referimos a: la alteración de la glucemia en ayunas (AGA: 100-125 mg/dL), la alteración de la tolerancia a la glucosa (ATG) definida por glucemia de 140-199 mg/dL a las 2 horas tras SOG, y la HbA1c de 5,7-6,4%. Estas situaciones poseen gran interés, pues implican un riesgo incrementado de evolución a diabetes. Este riesgo es continuo, extendiéndose más allá de los límites inferiores de los rangos mencionados, y aumenta exponencialmente cerca del límite superior de los rangos(2).
Ante una descompensación hiperglucémica aguda, independientemente de si se trata del debut de la enfermedad, de omisión de insulina en el diabético conocido, de situación de estrés metabólico (fiebre, enfermedad…) con déficit relativo de insulina, etc., puede desembocarse en una situación de cetoacidosis diabética (Fig. 1). La clínica se describe en la tabla III y el diagnóstico se establece según los siguientes criterios bioquímicos(6):
• Hiperglucemia > 200 mg/dL.
• pH < 7,30 o bicarbonato < 15 mmol/L.
• Cetonemia y cetonuria positivas.
Diagnóstico diferencial
Para distinguir la DM tipo 1 de otros tipos de DM, es preciso valorar: la presencia de autoanticuerpos, la edad al debut, el patrón de herencia, la tendencia a cetosis, la presencia de obesidad y acantosis nigricans y la presencia de factores de estrés o fármacos hiperglucemiantes.
Una vez establecido el diagnóstico de DM, la confirmación DM tipo 1 vendrá determinada por la presencia de autoanticuerpos (DM tipo 1A). Para ayudar a distinguir entre DM tipo 1 y otros tipos de DM, se reflejan las características diferenciales principales en la tabla V.
Debe plantearse la posibilidad de una DM distinta a la tipo 1 en el niño en el que no se detectan autoanticuerpos y asocia(1):
• Historia familiar autosómica dominante de DM.
• Diagnóstico de DM en los primeros 6 meses de vida.
• Hiperglucemia en ayunas (100–150 mg/dL) que no progresa, sobre todo en pacientes jóvenes, no obesos y asintomáticos.
• Patología asociada: sordera, atrofia óptica o rasgos sindrómicos.
• Uso de fármacos tóxicos para la célula beta o causantes de resistencia a insulina.
Debe realizarse estudio genético de DM monogénicas en todo paciente menor de 6 meses con DM, ya que la DM tipo 1 es muy rara en este grupo de edad(1).
En el caso de hiperglucemia detectada en el contexto de estrés (infección aguda, trauma, cirugía, distrés respiratorio, fallo hemodinámico, etc.), esta puede ser transitoria y requiere tratamiento, pero no debe ser considerada como diagnóstico de DM(1).
Aunque la DM tipo 2 en la edad pediátrica sea aún infrecuente en nuestro medio, resulta interesante tener en cuenta que, debido a la alta prevalencia de obesidad entre la población general, un porcentaje significativo de pacientes con DM tipo 1 padece obesidad, asociando con frecuencia un componente de resistencia a la insulina que puede dificultar su manejo(1).
Cuando la presentación clínica es la típica de DM tipo 1, con insulinopenia permanente y propensión a cetoacidosis, pero no se logra demostrar la presencia de autoanticuerpos ni se demuestra otra etiología, se habla de DM tipo 1B (a diferencia del tipo 1A, cuando sí se detectan autoanticuerpos)(2). Si bien, está aceptado este subtipo de DM, más frecuente en África y Asia, es posible que algunos diagnósticos de DM tipo 1B de nuestro medio se establezcan por limitaciones técnicas de los laboratorios para determinar algunos autoanticuerpos, así como al probable desconocimiento aún de algunos autoanticuerpos implicados(1,2).
Manejo: tratamiento y seguimiento
Para alcanzar los objetivos de crecimiento adecuado, buena calidad de vida y el menor riesgo posible de complicaciones, serán fundamentales: la administración de insulina, el control de la alimentación, el ejercicio físico, la monitorización de la glucemia, la educación diabetológica, la motivación, el reciclaje periódico y el cribado de comorbilidades y complicaciones.
La situación de cetoacidosis diabética es una urgencia médica que requiere tratamiento inmediato en un centro de referencia con disponibilidad de UCI pediátrica y cuyos objetivos son: corregir la deshidratación, corregir la acidosis, revertir la cetosis y corregir lentamente la hiperosmolalidad y la hiperglucemia. Si la cetoacidosis no ocurre en el contexto de un debut diabético, es fundamental investigar y corregir la causa precipitante(6).
El objetivo último del manejo del niño con DM a largo plazo consiste en lograr un desarrollo y crecimiento adecuados, una buena calidad de vida y el menor riesgo posible de complicaciones agudas y crónicas. Para acercarnos a este objetivo último, será necesario conseguir el mejor control glucémico posible, el cual se asocia con una menor frecuencia de complicaciones. Para mejorar dicho control glucémico, disponemos de tres herramientas modificadoras por sí mismas del nivel de glucemia, pilares clásicos del tratamiento de la DM: la administración de insulina, el control de la alimentación y el ejercicio físico. Pero, para poder utilizar estas herramientas, es imprescindible conocer de manera muy frecuente el nivel de glucemia (monitorización de la glucemia), aprender cómo se aplican dichas herramientas y cómo funciona la enfermedad (educación diabetológica) y mantener en el tiempo el interés del paciente y cuidadores (motivación). También es importante el cribado rutinario de comorbilidades o complicaciones incipientes, así como la evaluación y reciclaje periódicos de todos estos aspectos mencionados. Por tanto, podemos decir que el manejo del paciente con DM tipo 1 no consiste sin más en un tratamiento farmacológico con insulina, sino en facilitar la ayuda necesaria a los niños y a sus familias para ser competentes en el autocuidado y mantener su motivación a lo largo de la infancia y adolescencia, permitiéndoles así, llegar a convertirse en adultos independientes y saludables(8,15-19).
El manejo de los niños y adolescentes con DM tipo 1 debe realizarse desde unidades especializadas multidisciplinares, en hospitales de referencia para esta patología, con disponibilidad de los recursos humanos (pediatras diabetólogos, educadores en diabetes, nutricionista, psicólogo, trabajador social), recursos materiales y tecnológicos necesarios(15,20). Se han establecido y publicado recientemente los requisitos mínimos para poder constituir un centro de referencia(20). Debe existir facilidad para la comunicación con el resto de ámbitos del área correspondiente (atención primaria, hospital secundario, colegios), trabajando así en equipo por un mismo objetivo(15,20). El paciente y su familia deben ser considerados los agentes centrales del equipo multidisciplinar(15).
Insulinoterapia
El tratamiento con insulina es imprescindible en la DM tipo 1 y debe iniciarse tan pronto como se realice el diagnóstico para prevenir o tratar una posible descompensación. Aunque aún no se haya demostrado la autoinmunidad, cualquier niño con hiperglucemia grave y cetonemia necesita insulina para resolver la descompensación metabólica(1,17). En situación de cetoacidosis grave, el tratamiento debe realizarse inicialmente con insulina intravenosa en una unidad de cuidados intensivos(6).
El tratamiento de mantenimiento con insulina pretende imitar en lo posible la secreción fisiológica de insulina por el páncreas, aunque aún no se ha logrado una sustitución perfecta y equivalente. Las pautas de insulinoterapia más aceptadas son las basal-bolus. Cuando administramos insulina, la administramos con los siguientes objetivos:
Insulina basal: su objetivo es remedar en lo posible la continua secreción pancreática de pequeñas cantidades de insulina durante las 24 horas del día.
Bolo comida: trata de compensar y evitar el ascenso de la glucemia tras la ingesta.
Bolo corrector: pretende corregir una cifra elevada de glucemia y llevarla a un nivel normal.
Los tipos de insulina de los que disponemos en la actualidad se muestran en la tabla VI.
Existen dos métodos para administrar una pauta basal-bolus de insulina:
1. Múltiples dosis de insulina (MDI) subcutánea: la insulina se administra mediante inyección subcutánea de dos tipos de insulina. Como insulina basal se utiliza, en la mayoría de los casos, un análogo de acción lenta (AAL): detemir (Levemir®) o glargina (Lantus®). Por el perfil de pico de acción y vida media muy poco fisiológico de la insulina NPH, prácticamente no se utiliza en la actualidad salvo casos excepcionales, sobre todo en niños muy pequeños. Para los bolos comida y bolos correctores se utilizan análogos de acción rápida (AAR): aspart (Novorapid®), lispro (Humalog®) o glulisina (Apidra®). La insulina regular (Actrapid® o Humulina regular®) se utiliza menos en la práctica diaria por su peor perfil, pero continúa utilizándose habitualmente a nivel hospitalario para perfusión intravenosa e incluso por vía subcutánea en algunas pautas al debut. Este sistema MDI implica múltiples inyecciones al día: 1 o 2 de AAL y 1 de AAR por cada ingesta. Se utilizan jeringas o bolígrafos. No se pueden mezclar distintos tipos de insulina en la misma jeringa (salvo NPH con insulinas de acción rápida). Aunque existen presentaciones con mezclas prefijadas de NPH e insulina rápida, estas no se recomiendan en pacientes pediátricos. Las zonas de inyección más aconsejables para la inyección de insulina de acción lenta son glúteos y muslos, y las zonas para la insulina de acción rápida son abdomen, brazos y muslos. Debe recomendarse el uso regular de las mismas áreas para la insulina del mismo momento del día, pero con rotación dentro de ese área de manera frecuente para evitar la aparición de lipohipertrofias, que son secundarias a la inyección frecuente de insulina en la misma zona, y las cuales pueden implicar una absorción errática de la insulina si esta se administra en esa zona, pudiendo dificultar así el control glucémico(17).
2. Infusión subcutánea, continua de insulina (ISCI) o bomba de insulina: la insulina es administrada en el tejido subcutáneo del paciente a través de una cánula colocada de manera permanente en dicho tejido, y a la que la bomba envía la insulina a través de un catéter. El recambio de la cánula se realiza cada 3 días habitualmente, aunque algunos pacientes necesitan cambiarlo antes. Solo utiliza un tipo de insulina (normalmente AAR). Logra el efecto de insulina basal con una infusión continua de insulina a un ritmo muy bajo, y el efecto de los bolos comida y correctores con infusiones rápidas de mayor cantidad. Con una buena selección de los pacientes puede aportar ventajas sobre MDI: menor frecuencia de pinchazos, remeda mejor la fisiología del páncreas (programar diferentes ritmos de infusión basal de insulina en distintos tramos del día; administrar distintos tipos de bolos según el tipo de ingesta), posible descenso de HbA1c de en torno a 0,5%, menor frecuencia de hipoglucemias graves y posibilidad de acoplarse a algunos medidores continuos de glucemia instersticial (lo que permite nuevas funciones encaminadas, sobre todo, a evitar hipoglucemias graves).
Pero la bomba de insulina no es “inteligente” ni autónoma. Aunque cada nuevo modelo incorpora nuevas funciones que intentan facilitar el manejo de la DM, son el paciente y sus cuidadores quienes deben “ordenar” a la bomba la administración de bolos de insulina, la cantidad de la misma en cada bolo, la modificación ocasional del ritmo de infusión basal según las circunstancias del momento, etc. Por ello, es imprescindible realizar una intensa educación diabetológica específica para el uso de ISCI, además de conocer con detalle cómo manejar la DM con MDI, por si en algún momento fallase el sistema de ISCI, situación potencialmente muy grave dada la ausencia de remanente de insulina de acción lenta en el cuerpo del paciente(17). Asimismo, la frecuencia de mediciones de glucemia capilar será igual o incluso mayor que con MDI. El seguimiento debe hacerse en centros de referencia(20).
La dosis total diaria necesaria de insulina y su distribución a lo largo del día varían enormemente entre pacientes, y también cambian en cada paciente con el tiempo. Por todo ello, es necesario revisar y reajustar la pauta de insulinoterapia con frecuencia. El objetivo último es proporcionar al paciente y/o a sus cuidadores las herramientas y conocimientos necesarios para que ellos mismos sean capaces de realizar ajustes de la pauta de insulina de manera segura y eficaz. Para ello, es necesario un entrenamiento exhaustivo y periódico, con revisiones frecuentes(17).
Una herramienta útil para el cálculo de los bolos de insulina son los calculadores de bolo (la bomba de insulina tiene uno incorporado en su software). Este tipo de dispositivo sugiere la cantidad de insulina que debe administrarse en un determinado momento si se introducen una serie de datos, pero finalmente, debe ser el paciente quien, evaluando las circunstancias concretas del momento, acepte o modifique la sugerencia del dispositivo.
Es imprescindible que los pacientes se aseguren de disponer siempre de insulina de repuesto suficiente(17).
Alimentación
Establecer un adecuado plan de alimentación, asociado a los correspondientes ajustes de la pauta de insulina, permite mejorar el control glucémico. Debe recomendarse una dieta saludable, equiparable a la del resto de niños y adolescentes sanos, que permita disminuir los factores de riesgo cardiovascular, y adaptada a las circunstancias culturales y psicosociales de cada paciente. La ingesta calórica debe procurar el mantenimiento de un peso ideal y un adecuado crecimiento, el cual debe monitorizarse. En pacientes con DM tipo 1, debe evitarse el sobrepeso. De manera opuesta, la pérdida anormal de peso o la incapacidad para ganar peso de manera adecuada, debe hacer sospechar una situación de enfermedad (infecciones, enfermedad celíaca, hipertiroidismo), trastorno del comportamiento alimentario o inadecuada administración de insulina(16).
Como norma general, se recomienda ingerir el 50-55% de la calorías como hidratos de carbono (con la mínima cantidad posible en forma de azúcares simples), <35% como grasas (<10% como grasas saturadas) y 15-20% como proteínas, pero la pauta debe adaptarse a cada momento del desarrollo. Debe cuantificarse estrictamente la cantidad de hidratos de carbono (HC) que se ingiere, ya que la cantidad de insulina administrada en cada bolo comida depende de ello. En nuestro medio, los HC se cuantifican habitualmente en forma de “raciones”. Una ración equivale a 10 gramos de HC. Existen múltiples tablas de equivalencias para consultar qué cantidad de cada tipo de alimento corresponde a una ración de HC. Se puede establecer una relación o ratio insulina/ración para cada momento del día, que exprese la cantidad de insulina que se necesita para metabolizar cada ración de HC, y así flexibilizar la ingesta y mejorar la calidad de vida. Aun así, continúa recomendándose la regularidad en las horas y hábitos de las comidas para lograr un óptimo control metabólico. Además de la cantidad de HC, es importante valorar el índice glucémico de cada alimento, evitando o restringiendo aquéllos en los que este sea más elevado. Aunque en menor medida que los HC, se sabe que la ingesta de grasa y proteína también influye en la glucemia postprandial, por lo que debería evitarse el uso habitual del término “alimentos libres” para referirse a los alimentos constituidos fundamentalmente por estos macronutrientes, incidiendo en la necesidad de una dieta equilibrada(16).
Ejercicio físico
El ejercicio físico, sobre todo, el de tipo aeróbico, produce un aumento de la sensibilidad a la insulina. Por lo tanto, es posible la presencia de una tendencia a la hipoglucemia durante o después (incluso hasta 24 horas después) de practicar ejercicio físico. Este hecho exige ser tenido en consideración para prevenir hipoglucemias relacionadas con el ejercicio.
De manera ideal, el ejercicio físico será programado. Esto permitirá realizar ajustes de la pauta de insulina con antelación, en función del comportamiento de la glucemia en cada paciente según su experiencia previa con el tipo de ejercicio concreto que vaya a realizar. Con ello, se pretende evitar desajustes glucémicos. De manera general, puede ser necesario disminuir la dosis de insulina previa y/o aumentar la ingesta de HC durante y/o después del ejercicio. Cuando el ejercicio físico es imprevisto o no programado, la ingesta extra de HC será la principal herramienta para prevenir hipoglucemias. El ejercicio prolongado exige la ingesta periódica de HC durante su realización. Igualmente, tras la realización de ejercicio físico debería ingerirse una comida rica en HC que permita reponer las reservas de glucógeno.
Es importante medir la glucemia antes de practicar ejercicio físico, ya que puede ser perjudicial iniciarlo en situación de hiperglucemia con cetosis y en hipoglucemia. Ante la presencia de glucemia >250 mg/dL, debe realizarse medición de cuerpos cetónicos, ya que si estos son positivos (cetonemia >0,5 mmol/L o cualquier cetonuria presente) debe corregirse dicha situación con insulina y posponer el ejercicio hasta que la cetonemia se haya resuelto. Ante la presencia de hipoglucemia, esta debe corregirse y debe comprobarse su resolución 10-15 minutos después, todo ello antes de comenzar el ejercicio. Por tanto, la medición de glucemia previa al ejercicio debe realizarse un tiempo antes (unos 20-30 minutos antes) para tener un pequeño margen que permita solucionar algunas de estas situaciones y evitar la necesidad de cancelar el ejercicio por falta de previsión.
Monitorización de la glucemia
La automedición frecuente de glucemia capilar es fundamental en el manejo de la DM, por lo que debe facilitarse a todo paciente diabético. Debe realizarse un mínimo de 4-6 veces al día, ya que su frecuencia se correlaciona con el control glucémico. Los datos de las mediciones deben registrarse en papel o mediante descarga informática de los datos del glucómetro periódicamente (a ser posible a diario) y ser analizados por el paciente y cuidadores con frecuencia, para poder detectar precozmente alteraciones del control glucémico en determinadas situaciones o momentos del día que exijan realizar cambios en el tratamiento. Los objetivos glucémicos deben individualizarse para obtener los valores lo más próximos a la normalidad, evitando hipoglucemias graves, así como hipoglucemias leves o moderadas frecuentes. Asimismo, dichos objetivos deben elevarse ante la presencia de hipoglucemias inadvertidas, hasta que se restablezca la capacidad de detectar las mismas. Como referencia, dichos valores ideales se muestran en la tabla VII(19).
Los dispositivos de monitorización continua de glucosa (MCG), mínimamente invasivos, miden el nivel de glucosa del líquido intersticial bajo la piel cada pocos minutos. Los principales inconvenientes para su uso son su elevado coste (no financiados en la mayoría de los casos en nuestro medio actualmente) y su posible inexactitud en la medición (no miden glucosa en sangre, sino en el intersticio, y es necesario calibrarlos con mediciones de glucemia capilar, así como confirmar de igual manera las cifras alteradas). Aun así, su uso puede aportar grandes ventajas para mejorar el control glucémico, sobre todo, con los dispositivos de medición “a tiempo real”, que informan de la medición en el momento y de la tendencia de cambio del nivel de glucosa, avisando de las predicciones y permitiendo tomar decisiones en el momento. Son especialmente relevantes para pacientes con hipoglucemias inadvertidas, ya que permiten predecir la aparición de una hipoglucemia minutos antes de que ocurra, y actuar para evitarla. Igualmente, acoplados a la terapia con ISCI, permiten a la bomba actuar de manera automática en determinadas situaciones (presencia de hipoglucemia o predicción de hipoglucemia). Aunque este tándem ISCI-MCG constituye la base para la actuación automática de la bomba de insulina, aún falta bastante camino por recorrer para disponer de un verdadero “páncreas artificial” en la práctica clínica(19).
La medición de cuerpos cetónicos, ya sea mediante tira reactiva de orina o idealmente cetonemia en sangre capilar, debe realizarse siempre ante situación de enfermedad (sobre todo, si existen vómitos, dolor abdominal, somnolencia o respiración profunda) y ante cifras de glucemia mantenidas >250 mg/dL, ya que su elevación importante en dichas situaciones puede indicar una descompensación hacia cetoacidosis diabética, con necesidad de actuación urgente(19).
La hemoglobina glicosilada (HbA1c) es un indicador de la glucemia de los últimos tres meses (4-12 semanas), el mejor parámetro para evaluar el control glucémico y el único parámetro objetivo del que se dispone de evidencia sólida acerca de su correlación con las complicaciones micro y macrovasculares. Debe realizarse, como mínimo, cada 3 meses, a ser posible en la misma consulta del equipo diabetológico, para poder tomar decisiones inmediatas en función de su resultado. El objetivo general en niños y adolescentes diabéticos es un valor de HbA1c <7,5%, siempre individualizando, y elevándolo ante la presencia de hipoglucemias graves, hipoglucemias leves o moderadas frecuentes o hipoglucemias inadvertidas(19).
Educación diabetológica
Se define como el proceso mediante el cual se proporcionan al paciente y a sus cuidadores los conocimientos y habilidades necesarias para llevar a cabo su autocuidado, manejar las crisis y realizar cambios de estilo de vida para manejar con éxito la enfermedad. Es la clave del éxito en el manejo de la diabetes, influyendo de manera significativa en el control glucémico. Debe llevarse a cabo por un equipo multidisciplinar bien coordinado, con la misma filosofía y adecuadamente formado tanto teóricamente como en habilidades educativas. El contenido de la educación debe actualizarse periódicamente para incluir las novedades en el manejo de la DM y debe adaptarse a cada paciente y cuidadores. Las intervenciones educativas que se han demostrado más eficaces son aquéllas basadas en conceptos teóricos claros, integradas en la rutina asistencial del equipo diabetológico, encaminadas a proporcionar habilidades para el automanejo y soporte psicosocial, que utilizan técnicas cognitivo-conductuales para solución de conflictos, manejo del estrés, establecimiento de objetivos, habilidades comunicativas, motivación, etc. y que utilizan las nuevas tecnologías en el manejo de la DM como herramientas de motivación. Es fundamental considerar la educación diabetológica no solo como una formación en el momento del debut diabético, sino como parte integrante de la rutina asistencial, con reciclaje periódico rutinario y con especial atención a mantener la motivación del paciente y cuidadores. Debe intensificarse ante la detección de deficiencias en el manejo de la DM o ante la instauración de nuevas herramientas de tratamiento y seguimiento (ISCI, MCG…)(18).
Hipoglucemia
Una consecuencia del tratamiento con insulina (cuando este no es estrictamente idóneo) es la aparición de hipoglucemias, que constituyen la complicación aguda más frecuente de la DM, y cuya prevención debe ser un objetivo prioritario. Desencadenantes típicos son: el exceso de administración de insulina, el defecto de ingesta de HC, el ejercicio físico o la ingesta de alcohol. Aunque no existe una evidencia absoluta acerca de una cifra concreta de glucemia bajo la cual definir la hipoglucemia, en la práctica clínica se establece <70 mg/dL como el umbral de glucemia bajo el que debe iniciarse tratamiento de la misma en el paciente con DM. Los signos y síntomas se deben a la activación adrenérgica (sudoración, temblor, palpitaciones…) y a la neuroglucopenia (cefalea, dificultad para concentrarse, cansancio). En niños pequeños, son frecuentes las alteraciones del comportamiento (irritabilidad, rabietas, hipoactividad…). Ante la aparición de síntomas de este espectro debe medirse la glucemia.
La hipoglucemia grave (aquella con pérdida de consciencia o convulsión) requiere tratamiento urgente, idealmente administrando glucosa por vía intravenosa en el medio hospitalario. Fuera del hospital debe administrarse glucagón por vía intramuscular o subcutánea (0,5 mg en < 12 años, 1 mg en > 12 años). Debe entrenarse a los cuidadores en la administración de glucagón y asegurar la disponibilidad del mismo.
Las hipoglucemias leves o moderadas se tratarán administrando azúcares de absorción rápida por vía oral (habitualmente 10-15 g de glucosa), los cuales deben estar a disposición del paciente en todo momento y en cualquier circunstancia (zumos, geles o tabletas de glucosa…). A los 10-15 minutos tras su administración, debe medirse de nuevo la glucemia para asegurar una adecuada respuesta. Si esta no se ha producido, debe repetirse la ingesta de azúcares y repetir la medición tras otros 10-15 minutos. En ocasiones, será necesario administrar después HC de absorción intermedia-lenta, para evitar la recurrencia de la hipoglucemia.
La presencia de hipoglucemias frecuentes puede terminar disminuyendo o anulando la respuesta adrenérgica a la hipoglucemia, lo que conduce a la presencia de hipoglucemias desapercibidas, uno de los principales factores de riesgo de hipoglucemias graves. Cuando esto ocurra, deberán elevarse los objetivos glucémicos para restaurar la capacidad de detección(21).
Cribado de complicaciones y comorbilidades
El esquema de cribado de complicaciones micro y macrovasculares y de otras comorbilidades orgánicas asociadas a la DM tipo 1 se muestra en la tabla VIII(7,9).
Los pacientes jóvenes con DM tienen mayor incidencia de: depresión, ansiedad, estrés psicológico y trastornos de la conducta alimentaria, sobre todo, entre los que tienen peor control metabólico. El cribado de problemas psicológicos a través de herramientas validadas de evaluación de la calidad de vida y del desarrollo mental, tanto del paciente como de sus cuidadores, debe realizarse de manera rutinaria. El equipo diabetológico debe incluir profesionales especializados en salud mental para atender a los pacientes o cuidadores que lo precisen, y para entrenar al resto del equipo en la detección de este tipo de trastornos(8).
Estructura del seguimiento
El seguimiento habitual se estructura de la siguiente manera(15):
• Consulta cada 2-3 meses para reevaluación del automanejo de la diabetes y revisión de los registros de control glucémico, así como para evaluar el crecimiento, desarrollo y salud general.
• Consulta anual con evaluación y revisión de los conocimientos de alimentación, capacidad de automanejo y necesidades psicosociales, cribado de comorbilidades y factores de riesgo de complicaciones crónicas, detección de lagunas o errores en el manejo y reciclaje y/o actualización de aspectos de educación diabetológica.
• Proceso planificado y coordinado de transición a las unidades de diabetes de adultos, con el objetivo de asegurar la continuidad del seguimiento y el buen control durante la adolescencia y juventud. La edad a la que se debe realizar este proceso de transición no está establecida y depende de la organización y coordinación entre los equipos diabetológicos pediátricos y de adultos de cada centro(15).
Prevención
No existen intervenciones que hayan demostrado prevenir o retrasar la enfermedad, por lo que actualmente, no se recomienda el cribado de familiares de primer grado fuera de estudios de investigación.
Ante el diagnóstico de DM tipo 1 en un hijo, muchos padres plantearán si sería posible realizar estudios a los hermanos o a ellos mismos para prevenir la aparición de la enfermedad, dada la implicación de un componente de predisposición genética. Algunos estudios han permitido establecer un mayor o menor riesgo de desarrollo de la enfermedad según determinados marcadores genéticos, autoanticuerpos, marcadores del sistema inmune celular, de daño de la célula beta, etc., pero ningún marcador de manera individual o score que los combine permite de momento predecir de manera definitiva qué persona desarrollará la enfermedad. No existen en la actualidad intervenciones que hayan demostrado prevenir la aparición de autoinmunidad (prevención primaria) o retrasar la aparición de la fase clínica de DM tipo 1 una vez establecida la autoinmunidad (prevención secundaria). Por ello, no se recomienda actualmente, realizar cribado de anticuerpos, genes de predisposición…, ni ninguna intervención en fase preclínica fuera de estudios de investigación. En individuos de conocido riesgo aumentado, si fuera posible, debería facilitarse el acceso a estudios de investigación en marcha en este sentido, si así lo desean(12,13). Debe insistirse en recordar los síntomas cardinales de DM para consultar precozmente ante su potencial aparición.

 Fuente: pediatriaintegral.es

miércoles, 8 de julio de 2015

Una vacuna de insulina podría prevenir la diabetes 1 en niños con riesgo genético


Indulina, diabetes 


¿Qué crees que es la diabetes?

¿Tienes diabetes y comes dulces? No temas, aunque mucha gente pueda pensarlo, no es malo. Esta enfermedad metabólica es cada vez más prevalente en España, con más de 5 millones de afectados. Pero, pese a ello, todavía existen muchos falsos mitos que, en ocasiones, pueden provocar desinformación entre los propios pacientes. ¿QUÉ ES LA DIABETES? Para aclarar conceptos y conseguir que la población tenga acceso a información rigurosa sobre la enfermedad, la Federación de Diabétic ...

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(c) 2015 Europa Press. Está expresamente prohibida la redistribución y la redifusión de este contenido sin su previo y expreso consentimiento.

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¿Qué crees que es la diabetes?

¿Tienes diabetes y comes dulces? No temas, aunque mucha gente pueda pensarlo, no es malo. Esta enfermedad metabólica es cada vez más prevalente en España, con más de 5 millones de afectados. Pero, pese a ello, todavía existen muchos falsos mitos que, en ocasiones, pueden provocar desinformación entre los propios pacientes. ¿QUÉ ES LA DIABETES? Para aclarar conceptos y conseguir que la población tenga acceso a información rigurosa sobre la enfermedad, la Federación de Diabétic ...

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 Un pequeño estudio piloto realizado en un grupo de niños con alto riesgo de desarrollar diabetes tipo 1 podría ser la primera prueba de que es posible una inmunización frente a esta enfermedad. Según el trabajo que se publica en «JAMA», un tratamiento con altas dosis de insulina oral diaria, en comparación con el placebo, genera una respuesta inmune a la insulina sin que haya hipoglucemia, Los datos de este estudio en fase II subrayan la necesidad de iniciar un ensayo en fase 3 para determinar si la insulina oral puede evitar la diabetes en niños de alto riesgo y para avanzar en la posibilidad de una ‘vacuna preventiva’.
Se sabe que unas pocas proteínas específicas son a menudo el factor desencadenante de respuestas inmunes que causan enfermedades autoinmunes, como la diabetes tipo 1. Esto ha llevado a la investigación sobre terapias específicas de antígeno (utilizando una sustancia para iniciar una respuesta inmune) para prevenir, estabilizar o revertir enfermedades inmunes, como las alergias y la esclerosis múltiple. La diabetes tipo 1 es una enfermedad autoinmune que puede ser detectada en individuos asintomáticos por la presencia de autoanticuerpos que se desarrollan en los niños. Y una de las aproximaciones para prevenirla es la terapia con antígenos específicos usando insulina antes que se hayan desarrollado autoanticuerpos para así inducir respuestas inmunes protectoras que eviten la aparición de la diabetes 1 en niños con riesgo genético, explican los investigadores delTechnische Universitat Dresden (Alemania).
Lo que ahora presenta el grupo de Ezio Bonifacio, del Centro DFG para Terapias Regenerativas de la citada universidad alemana, es un estudio piloto realizado sobre 25 niños con predisposición genética a la diabetes tipo 1. Los expertos asignaron aleatoriamente a estos niños, que tenían autoanticuerpos negativos, una terapia de insulina oral en dosis variables (15 niños) o placebo (10) una vez al día de 3 a 18 meses para evaluar si la insulina oral puede inducir una respuesta inmunitaria potencialmente protectora sin causar efectos adversos. El estudio Pre-POINT se llevó a cabo entre 2009 y 2013 en Alemania, Austria, EE.UU. y el Reino Unido con niños de 2 años a 7 años que tenían un historial familiar de diabetes tipo 1.

A mayor dosis, mayor respuesta

Los resultados mostraron respuestas inmunes a la insulina en todos los grupos, pero a mayor dosis, mayor respuesta: 2 de 10 niños (20%) tratados con placebo tuvieron respuestas inmunes; 1 de 6 (16,7%) con 2,5 mg de insulina; 1 de 6 (16,7%) con 7,5 mg; 2 de 6 (33,3%) en los que recibieron 22,5 mg, y en 5 de 6 (83,3%) en los tratados con 67,5 mg de insulina.
Según los investigadores, sus datos demuestran que la administración oral diaria de 67,5 mg de insulina a niños sanos pero genéticamente en riesgo y sin signos de autoinmunidad produce una respuesta inmune sin hipoglucemia.
En este sentido Anita-Gabriele Ziegler, del Instituto para la investigación en Diabetes de Munich, destaca que en este estudio doble ciego la insulina se administra como una ‘vacuna profiláctica’ a los niños antes de que hubieran desarrollado una respuesta autoinmune, es decir antes de que se producen autoanticuerpos. «Esta es una revolucionaria forma de prevenir la diabetes tipo 1, pero es bastante lógico que si el sistema inmunológico no aprende cómo generar una respuestas protectora por sí mismo, tenemos que darle un poco de ayuda».

Prevención primaria

Debido a que actualmente ya es posible identificar a los niños con mayor riesgo de diabetes tipo 1 en el momento de su nacimiento y a que sabemos que hay una secuencia de eventos que culmina con el desarrollo de la diabetes tipo 1, Jay S. Skyler, de la Universidad de la Escuela Miller de Medicina de Miami (EE.UU.), en un editorial que acompaña al estudio, habla de prevención primaria de la diabetes tipo 1.
Y para completar el escenario nos falta son «intervenciones para detener este proceso antes de se haya generado un daño irreversible a la célula beta pancreática». En este sentido, a pesar de que todavía no existe una terapia-autoantígeno específico para la prevención de la diabetes tipo 1 en humanos, el estudio Pre-POINT «proporciona evidencia suficiente como para diseñar un ensayo en niños identificados genéticamente».
Los investigadores quieren iniciar la fase III en la que se administrará eltratamiento preventivo al mayor número de bebés que tienen riesgo genético de diabetes tipo 1. Si la vacuna se tiene éxito en la prevención de la enfermedad a largo plazo, abriría la puerta a una amplia cobertura con la vacuna preventiva.
¿Qué crees que es la diabetes?

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miércoles, 12 de noviembre de 2014

Diabetes en Niños y Adolescentes

Hasta hace poco, la diabetes más común en niños y adolescentes era la tipo 1 conocida también como diabetes juvenil. En este tipo de diabetes, el páncreas no produce insulina, que es una hormona que ayuda a que la glucosa entre en las células para darles energía. Sin insulina, demasiada azúcar queda en la sangre.
Pero hoy en día, más personas jóvenes tienen diabetes tipo 2. A esta diabetes se la solía llamar diabetes del adulto pero ahora es también común en niños y adolescentes debido a que una mayor cantidad de ellos son obesos. En la diabetes tipo 2, el cuerpo no produce o no usa la insulina adecuadamente.
Los niños y adolescentes están a mayor riesgo de diabetes tipo 2 si son obesos, tienen antecedentes familiares de diabetes, no realizan ejercicio o no comen bien. Para disminuir el riesgo de diabetes 2 en niños y adolescentes:
  • Ayúdeles a mantener un peso saludable
  • Asegúrese que hagan ejercicio y se mantengan activos
  • Sírvales porciones pequeñas de alimentos saludables y nutritivos
  • Limite el tiempo que pasan frente al televisor, computadora o videos
Los niños y adolescentes con diabetes tipo 1 pueden necesitar insulina. La diabetes tipo 2 puede ser controlada con dieta y ejercicio. Si eso no es suficiente, necesitarán tomar medicinas para la diabetes orales o insulina.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Prematuridad, ¿una puerta de entrada a la diabetes?

Cada vez nacen más niños prematuros y, por lo tanto, cada vez su estudio interesa más a la medicina. Un trabajo publicado este miércoles en la revista JAMA evalúa una nueva consecuencia de un futuro de un nacimiento antes de tiempo: tener un mayor riesgo de padecer diabetes tipo 2, un marcador de riesgo cardiovascular.
No es algo que suene completamente nuevo pero el diseño del trabajo confirma lo que hasta ahora solo eran sospechas y deja en el tejado de los padres que lo que en la infancia es solo un aumento en los niveles de insulina no acabe convirtiéndose en enfermedad. Otro motivo más, si cabe, para cuidar los hábitos saludables desde la más tierna infancia.
La muestra es amplia, 1.358 niños cuyos niveles de insulina se midieron al nacer -en la sangre del cordón umbilical- y cuando estaban en la llamada primera infancia (antes de los 6,5 años de edad), en la sangre de la vena. En el primer análisis los niños fueron divididos en cuatro grupos según la edad gestacional a la que nacieron; menos de 34 semanas, entre 34 y 36 (prematuros tardíos), entre 37 y 38 (casi a término) y a partir de la 39.
Los datos confirmaron lo que ya se sabía: que, a mayor prematuridad, más elevados eran los niveles de insulina en sangre. Pero faltaba por responder otra pregunta y es si esa diferencia se mantendría según los recién nacidos fueran creciendo y tras ajustar otros factores que podrían influir en el parámetro, como el peso de los niños.
Los resultados del estudio corroboraron la hipótesis de los investigadores, liderados por Xiaobin Wang, del Centro de los Orígenes de la Enfermedad en la Primeras Etapas de la Vida, de la Johns Hopkins University. Las diferencias se mantuvieron en la segunda medición, aunque menores. Mientras que los niños más prematuros presentaban niveles 2,05 veces más altos que los nacidos a término en la primera medición, la cifra se reducía a 1,31 en la segunda.
¿Puede deducirse de este estudio que los prematuros tienen más riesgo de diabetes tipo dos? Los investigadores no se arriesgan a afirmarlo y apuntan a que es una cuestión que "merece futura investigación". Sin embargo, señalan que su estudio es un trabajo a tener en cuenta a pesar de algunos déficits, como no haber medido la glucosa además de la insulina.
Como suele en trabajos prospectivos de este tipo, es casi más interesante el editorial que acompaña a la publicación que el estudio mismo. Así, Mark Hanson, del Instituto de Ciencias del Desarrollo del University Hospital Southampton (Reino Unido), no duda en decir en su editorial que estos niños tendrán un riesgo mayor de obesidad y de posterior síndrome metabólico. "Los hallazgos confirman la importancia del desarrollo de la salud desde el origen", comenta y , aclara, eso sí, que estos niños no deben ser mirados como casos especiales, sino que los efectos de su prematuridad pueden ser comparables a los adaptativos condicionados por el desarrollo que afectan a otras especies.
Además, reconoce el experto, estudios de este tipo revelan lo precozmente que se puede empezar a dar paso para la prevención de la diabetes y anima al resto de investigadores a seguir estudiante las intervenciones de salud en dicho momentos del desarrollo.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Mitos sobre la diabetes infantil

La diabetes en la infancia (diabetes mellitus tipo 1 en el argot medico) es una de las enfermedades crónicas más frecuentes de los niños menores de 15 años, pero no por ello más conocida. Existen gran cantidad de miedos y prejuicios frente a ella que se han perpetuado popularmente. Intentaremos analizar los más habituales:

-La diabetes es una enfermedad contagiosa. No, rigurosamente falso. La diabetes tipo1 no se transmite por microorganismos. Se adquiere en personas predispuestas genéticamente tras una activación de la inmunidad del propio paciente. Es lo que se conoce como enfermedad autoinmune (las propias defensas del niño atacan estructuras propias generando una enfermedad). Existen muchas teorías que intentan explicar cómo se producen este fenómeno autoinmune pero muy pocas certezas.

-La diabetes se cura con el tiempo. Falso. La diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica sin cura. No existe en la actualidad ningún tratamiento que acabe con esta enfermedad. Se investigan varias vías (células madre, vacunas,€) pero se encuentran en fases precoces de desarrollo. Hasta el día de hoy, los pacientes tienen que administrarse insulina de por vida.

-La insulina acaba con la diabetes. No, la insulina no cura la diabetes tipo 1. Es imprescindible para su control, uno de los tres pilares en los que se fundamenta su tratamiento junto con el ejercicio físico y el control de la dieta, pero no acaba con la enfermedad.

-La insulina produce ceguera. Disparate mayúsculo que probablemente surja de la asociación entre diabetes y ceguera. Se sabe que un diabético mal controlado puede tener afectación de los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo, entre ellos los que se encuentran en la retina (estructura interna del ojo). Tiempo atrás no era infrecuente encontrar diabéticos que se quedaban ciegos porque no tenían acceso al Sistema Salud (por aislamiento geográfico, desconocimiento, miedos,€ ) y no recibían tratamiento alguno.

-Comer dulces produce diabetes. Tomar un exceso de azúcar en la dieta no lleva inexorablemente al desarrollo de una diabetes mellitus 2. Como hemos comentado antes, es una enfermedad que depende de la carga genética y del establecimiento de una respuesta autoinmune descontrolada. En términos populares, podríamos decir que solo es diabético quien puede serlo, y quien lo va a ser puede incluso ser un niño que no abuse de dietas edulcoradas.

-Si eres diabético no puedes comer dulces. Solo hay que conocer a un niño diabético para desmontar este mito tan arcaico. Los diabéticos deben racionar sus alimentos (sobre todo los que contienen hidratos de carbono o azucares) para conocer la cantidad que toman de ellos y decidir la cantidad de insulina que se ponen, pero esto no contraindica de manera absoluta el que no puedan comer azucares, simplemente deben ser conscientes de que deben ajustar y limitar su ingesta para conseguir un buen control de su enfermedad.

-El sobrepeso produce diabetes. Es una verdad a medias, con matices. Las personas con exceso de peso (sobre todo en edades avanzadas, aunque cada vez aparece más precozmente) tienen más probabilidades de terminar padeciendo una diabetes de tipo 2 (comúnmente conocidas por diabetes del adulto pese a que cada vez aparece en edades más tempranas). La diabetes tipo 1, la más frecuente en la infancia no se asocia a pacientes con sobrepeso (existen niños diabéticos obesos pero no como causa de su diabetes y si como problema añadido).

-Los diabéticos no pueden realizar ejercicio. No solo no pueden, sino que deben realizarlo como parte fundamental de su tratamiento. La práctica deportiva de forma regular y moderada (sobre todo en edades muy tempranas) es básica para el buen control de su enfermedad. Existen deportistas diabéticos que son profesionales del deporte (ciclistas, nadadores, futbolistas,€). Prácticamente no se contraindica ningún deporte salvo los que supongan riesgo evidente si se realizan de manera individual (submarinismo, alpinismo,€).