Muchos lo hacen y ni siquiera lo saben, de acuerdo a un estudio de la organización no gubernamental británica Action on Sugar (Acción contra el Azúcar), que alerta sobre los riesgos del consumo excesivo de este producto.
El grupo analizó más de 100 bebidas
calientes de cadenas de café populares en Reino Unido y otros países
como Starbucks, Costa Coffee, KFC y Café Nero.
Y los resultados son “escandalosos”, según la ONG, que denunció niveles de azúcar “peligrosos para la salud”.
Un tercio de las bebidas analizadas
contenían la misma cantidad o más azúcar que una lata de Pepsi o Coca
Cola: unas nueve cucharaditas.
Pero los resultados más sorprendentes
fueron los cafés con sabores agregados y crema chantilly, los tés con
especias y las bebidas con sabores afrutados.
Los peores
La bebida con mayor contenido de azúcar
en la lista es un té afrutado con uvas, especias, naranja y canela
-conocido como Grape with Chai, Orange and Cinnamon Hot Mulled Fruit
Venti- que es vendido por Starbucks y contiene el equivalente a 25
cucharaditas de azúcar. “Venti” es como Starbucks llama a uno de sus
mayores tamaños de vaso y equivale a 600 ml.
Una variedad de café latte de la cadena Costa, el Chai latte-Massimo, tenía 20 cucharaditas de azúcar. Y tomarse un café mocha con chocolate blanco y crema chantilly de Starbucks (White chocolate mocha with whipped cream Venti, significa consumir nada menos que 18 cucharaditas.
En el café mocha de KFC y en el chocolate caliente Signature hot chocolate-Venti, de Starbucks, había 15 cucharaditas de azúcar y en el latte sabor caramelo de Café Nero, Caramelatte, unas 13.
Es posible consultar en internet la lista completa de bebidas analizadas en el estudio.
“Opciones light”
Kawther Hashem, una de las
investigadoras de Acción contra el Azúcar, dijo que las cadenas de café
deberían “reducir el azúcar en sus productos, decir claramente cuál es
el contenido de azúcar en cada bebida y dejar de vender tamaños extra
grandes”.
“Estas bebidas con sabores deberían ser un gusto ocasional y no algo que se consume todos los días”, agregó.
“Mi consejo sería: toma un
café o té a secas, pide que tu bebida tenga un mínimo de jarabes con
sabores, preferentemente sin azúcar, y pide la taza más pequeña” Kawther
Hashem
Starbucks, por su parte, dijo que está cambiando el contenido de azúcar en sus bebidas, aunque no a corto plazo.
“Este año nos comprometimos a reducir la
cantidad de azúcar en algunas de nuestras bebidas en un 25% para fines
de 2020. Ya ofrecemos opciones light, jarabes sin azúcar y edulcorantes.
Y la información sobre el contenido nutricional de nuestras bebidas
puede consultarse en las tiendas o en internet”, dijo una vocera de
Starbucks citada por la agencia de noticias Press Association.
Una portavoz de Costa señaló que la
cadena también establecerá en abril metas para reducir los contenidos de
sal y azúcar en sus productos para 2020.
Por ahora, Hashem da un consejo muy
simple a los consumidores: “Toma mejor un café o té a secas, pide que tu
bebida tenga un mínimo de jarabes con sabores, preferentemente sin
azúcar, y pide la taza más pequeña”.
Obesidad y diabetes
“El estudio es un ejemplo más de las
cantidades escandalosas de azúcar que se agregan a nuestros alimentos.
No me sorprende que Reino Unido tenga las mayores tasas de obesidad en
Europa”, dijo este miércoles Graham MacGregor, presidente de Acción
contra el Azúcar.
Una cucharadita de azúcar equivale a unos cuatro gramos.
Las nuevas directrices publicadas por el
organismo el año pasado también sugieren reducir el consumo de azúcar a
una proporción menor al 5% con el fin de obtener beneficios
adicionales. Un 5% equivale a unos 25 gramos o aproximadamente seis
cucharaditas de té al día para un adulto.
Esto significa que quien ingiere una porción de torta, un helado o un vaso de gaseosa puede sobrepasar el límite.
“Hemos comprobado científicamente que
reducir, a menos de 10%, el aporte de azúcar diario tendría
consecuencias importantes en la obesidad, diabetes y caries”, dijo al
lanzar las nuevas directrices Francesco Branca, director del
departamento de nutrición y de salud de la OMS.
La organización subraya que,
actualmente, gran parte del azúcar que consumimos diariamente se
encuentra oculta en alimentos que no son considerados como dulces.
A título de ejemplo, la OMS señaló que
una cucharada de salsa de tomate kétchup contiene cuatro gramos de
azúcar y una lata de refresco dulce puede tener hasta 40 gramos de
azúcar, el equivalente a diez cucharaditas de té.
De loco o desquiciado
se calificaría a un médico que le recetara a un paciente diabético un
aumento en el consumo de azúcar para curar su enfermedad; pero en la
economía no solo se proponen con frecuencia recetas igual de absurdas,
sino que muchas veces son aceptadas con entusiasmo por los gobiernos.
En este caso la diabetes del país es el exceso de importaciones
sobre exportaciones que ha generado un creciente déficit en nuestra
balanza de comercio exterior que el año pasado llegó a la enorme cifra
de 15.907 millones de dólares (5.5% del PIB). La dosis de melado, azúcar
y panela que le recomiendan al pobre enfermo es, aunque usted no lo
crea, bajar los aranceles para facilitar las compras en el exterior, es
decir para importar más.
Tamaño déficit externo es preocupante porque en el 2014 había sido
de “solo” 6.300 millones de dólares –un incremento de 153% en un año- y
porque desde la gran recesión de 1999, Colombia siempre había tenido
superávit comercial, con la única excepción del año 2007.
Se busca explicar el desbalance externo por el derrumbe de los
precios del petróleo y carbón que en dos años redujeron a la mitad los
ingresos por la venta de estos productos, de 39.500 a 18.900 millones de
dólares. Sin embargo esta es solo la explicación coyuntural y de corto
plazo del problema. La causa estructural son las políticas de apertura
hacia adentro que en dos décadas multiplicaron por diez el valor de las
importaciones. Y todo a costa de la producción nacional.
En medio de la bonanza petrolera y con un dólar artificialmente
barato nos sentimos ricos y nos dedicamos a comprar de todo en el
exterior, generando una dependencia de los bienes importados que ni
siquiera la acelerada devaluación del peso ha podido reducir. De hecho
el valor de las importaciones siguió aumentando hasta 2014, y en 2015
bajó un 15%.
Lo sorprendente es que a pesar de que el año pasado pagamos al
exterior 10.000 millones de dólares menos, el volumen de las
importaciones siguió creciendo, y el menor valor se debió solo a la
caída de los precios internacionales. En efecto los alimentos y bebidas
importados aumentaron 21% en toneladas, y los suministros industriales
15%; eso si, cayeron 29% las toneladas de vehículos importados y la mala
noticia es que también cayó 13% el volumen de bienes de capital.
Autor:
Mauricio Cabrera Galvis
Este contenido ha sido publicado originalmente en Vanguardia.com en la siguiente dirección: http://www.vanguardia.com/opinion/columnistas/mauricio-cabrera-galvis/348188-azucar-para-el-diabetico.
Si está pensando en hacer uso del mismo, recuerde que es obligación
legal citar la fuente y por favor haga un enlace hacia la nota original
de donde usted ha tomado este contenido. Vanguardia.com - Galvis Ramírez y Cía. S.A.
De loco o desquiciado
se calificaría a un médico que le recetara a un paciente diabético un
aumento en el consumo de azúcar para curar su enfermedad; pero en la
economía no solo se proponen con frecuencia recetas igual de absurdas,
sino que muchas veces son aceptadas con entusiasmo por los gobiernos.
En este caso la diabetes del país es el exceso de importaciones
sobre exportaciones que ha generado un creciente déficit en nuestra
balanza de comercio exterior que el año pasado llegó a la enorme cifra
de 15.907 millones de dólares (5.5% del PIB). La dosis de melado, azúcar
y panela que le recomiendan al pobre enfermo es, aunque usted no lo
crea, bajar los aranceles para facilitar las compras en el exterior, es
decir para importar más.
Tamaño déficit externo es preocupante porque en el 2014 había sido
de “solo” 6.300 millones de dólares –un incremento de 153% en un año- y
porque desde la gran recesión de 1999, Colombia siempre había tenido
superávit comercial, con la única excepción del año 2007.
Se busca explicar el desbalance externo por el derrumbe de los
precios del petróleo y carbón que en dos años redujeron a la mitad los
ingresos por la venta de estos productos, de 39.500 a 18.900 millones de
dólares. Sin embargo esta es solo la explicación coyuntural y de corto
plazo del problema. La causa estructural son las políticas de apertura
hacia adentro que en dos décadas multiplicaron por diez el valor de las
importaciones. Y todo a costa de la producción nacional.
En medio de la bonanza petrolera y con un dólar artificialmente
barato nos sentimos ricos y nos dedicamos a comprar de todo en el
exterior, generando una dependencia de los bienes importados que ni
siquiera la acelerada devaluación del peso ha podido reducir. De hecho
el valor de las importaciones siguió aumentando hasta 2014, y en 2015
bajó un 15%.
Lo sorprendente es que a pesar de que el año pasado pagamos al
exterior 10.000 millones de dólares menos, el volumen de las
importaciones siguió creciendo, y el menor valor se debió solo a la
caída de los precios internacionales. En efecto los alimentos y bebidas
importados aumentaron 21% en toneladas, y los suministros industriales
15%; eso si, cayeron 29% las toneladas de vehículos importados y la mala
noticia es que también cayó 13% el volumen de bienes de capital.
Autor:
Mauricio Cabrera Galvis
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De loco o desquiciado
se calificaría a un médico que le recetara a un paciente diabético un
aumento en el consumo de azúcar para curar su enfermedad; pero en la
economía no solo se proponen con frecuencia recetas igual de absurdas,
sino que muchas veces son aceptadas con entusiasmo por los gobiernos
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