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viernes, 5 de febrero de 2016

La mala alimentación de los niños podría ser perjudicial cuando sean adultos


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La salud cardiaca general de los niños estadounidenses se queda corta, según un nuevo análisis. Los investigadores de la Universidad de Northwestern hallaron que aunque la mayoría de los 9,000 niños que estudiaron tenían unos niveles de presión arterial saludables, el 40 por ciento no tenían unos buenos niveles de colesterol, casi ninguno comía una dieta saludable de forma regular y el 30 por ciento tenían sobrepeso o eran obesos.
Estos hallazgos podrían significar que hay más niños que en el futuro se enfrentarán, entre otras cosas, con enfermedades cardiacas si nada cambia, dijo la Dra. Sarah Samaan, cardióloga del Centro Cardiaco Legacy en Plano, Texas.
“La niñez prepara el escenario para la vida. Si un niño empieza con una dieta saludable y un estilo de vida activo, es mucho menos probable que contraiga enfermedades crónicas y costosas que pueden restar años de vida productiva”, dijo Samaan, que no participó en el estudio.
“Los niños y los adultos obesos tienen muchas más probabilidades de contraer hipertensión, diabetes, artritis y enfermedades cardiacas, de modo que no deberíamos aceptar esto como ‘lo que ahora es normal'”, añadió.
La puntuación en la dieta saludable fue uno de los cuatro ítems usados para evaluar la salud cardiaca de los niños estadounidenses, de 2 a 11 años de edad, a partir de encuestas nacionales realizadas entre 2003 y 2010. Las otras medidas fueron la presión arterial, el nivel total de colesterol y el índice de masa corporal (IMC), una proporción entre la estatura y el peso de una persona usada para medir la grasa corporal.
Según la Asociación Americana del Corazón (American Heart Association), una dieta saludable significa que tiene al menos cuatro de los siguientes 5 componentes: al menos 4.5 tazas de fruta y verdura al día; al menos dos porciones de 3.5 onzas (100 gramos) de pescado a la semana; al menos tres porciones de 1 onza (28 gramos) de granos integrales ricos en fibra al día; menos de 1,500 miligramos de sodio al día, y no más de 450 calorías a partir de bebidas azucaradas a la semana.
Menos del 1 por ciento de los niños mayores de 5 años comían una dieta sana, y menos del 20 por ciento cumplían con dos o tres de los componentes. Lo que resultó menos probable que cumplieran los niños era el requisito de los granos integrales, según los autores del estudio.
Más del 90 por ciento de los niños consumían demasiado sodio al día y muy poco pescado o fruta y verdura, según el informe. Más de la mitad bebían demasiadas bebidas azucaradas.
Aproximadamente el 90 por ciento de los niños tienen una presión arterial saludable, pero solamente el 60 por ciento de los niños tenían un buen nivel total de colesterol, según los investigadores.
Los niveles sanos del IMC eran más habituales: un 67 por ciento de los niños de 2 a 5 años y un 77 por ciento de los niños de 6 a 11 años tenían un IMC saludable. Pero el 15 por ciento de todos los niños tenían sobrepeso, y aproximadamente el mismo porcentaje eran obesos.
Los hallazgos aparecen en la edición del 17 de marzo de la revista Circulation: Cardiovascular Quality and Outcomes.
“Los padres han de servir como mejores ejemplos con su propia dieta y sus hábitos de ejercicio para demostrar las conductas saludables a sus hijos”, dijo la Dra. Danelle Fisher, pediatra en el Centro de Salud Providence Saint John de Santa Mónica, California.
“Hablar sobre la comida, cocinar en casa, limitar las bebidas azucaradas y hacer que los niños participen en la compra de la comida y la preparación de la misma son cosas que los padres pueden hacer para introducir estos conceptos a los niños a una edad temprana”, sugirió Fisher.
El Dr. Carlo Reyes, pediatra en el Hospital Los Robles en Thousand Oaks, California, indicó que la mayor preocupación sobre estos hallazgos es que los hábitos alimentarios de los niños podrían empezar a fijarse a los 12 años.
“Se trata de un problema difícil, que probablemente tenga su origen en los constructos sociales y culturales”, dijo Reyes. “Educar a los padres sobre las opciones saludables es un inicio, pero no es suficiente como para cambiar esta tendencia. Ayudar a los padres probablemente implicará el esfuerzo de una comunidad de líderes formada por pediatras, médicos de familia y educadores”.
Las escuelas también pueden ayudar a respaldar la salud cardiaca de los niños, dijo el coautor del estudio, el Dr. Donald Lloyd-Jones, profesor de cardiología y epidemiología de la Facultad de Medicina Feinberg de la Universidad de Northwestern, en Chicago.
“Desde proporcionar comidas saludables por defecto hasta asegurarse de que los estudiantes tengan educación física cada día, pueden jugar un rol clave en la salud de los niños, y también son un vínculo importante para las familias”, dijo Lloyd-Jones. “El mensaje para los padres, y para nuestra sociedad como un todo, es que debemos hacer el esfuerzo por preservar la salud cardiaca al establecer hábitos saludables en nuestros niños desde el principio”.
Estos hábitos deberían incluir la actividad física regular y una dieta saludable rica en fruta, verdura y proteínas magras, y con pocos alimentos procesados y almidones, dijeron él y Samaan.
“Muchos adultos crecieron en casas donde la comida saludable y fresca no formaba parte de la rutina diaria, de modo que podría ser necesario algo de esfuerzo y educación para aprender a ayudar a un niño a crecer bien”, dijo Samaan. “El esfuerzo vale la pena. Cuando no se da a un niño un inicio sano en la vida, es mucho más difícil alcanzar una adultez sana”.

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